Camillas estética

Las camillas de estética son el mobiliario central de la cabina: sostienen al cliente durante tratamientos faciales, corporales y de medicina estética, y determinan la postura del profesional durante toda la jornada.

Los modelos se diferencian por el número de cuerpos, que decide las posiciones disponibles, y por el sistema de regulación de la altura: eléctrico, hidráulico o fijo en los plegables.

Resumen rápido: una camilla de estética se elige por dos cosas. El número de cuerpos: las de 2 regulan el respaldo y cubren el tratamiento facial; las de 3 cuerpos añaden la zona de piernas, lo que permite la posición semisentada y amplía el uso a tratamientos corporales. Y el sistema de regulación: eléctrico para ajustar con el cliente ya tumbado y sin ocupar las manos, hidráulico para uso intensivo sin depender de un enchufe, y plegable para trabajo a domicilio. La altura de trabajo habitual ronda los 70-75 cm, pero lo que importa es que el recorrido cubra tanto el tratamiento sentado como de pie.

Camillas de 2 y 3 cuerpos

Los cuerpos son las secciones que se articulan de forma independiente, y cada uno que se añade resuelve una posición concreta.

Criterio2 cuerpos3 cuerpos
Qué regulaRespaldoRespaldo y piernas
Posición semisentadaParcialCompleta
Elevación de piernasNoSí
Tratamiento facialCubiertoCubierto
Tratamiento corporal y de piernasLimitadoCubierto
Superficie a limpiarMenos juntasUna junta más
Encaja cuandoLa cabina es monográfica de facialSe combinan facial y corporal

Las camillas de estética de 3 cuerpos son la configuración más versátil para una cabina que alterna tipos de tratamiento. Las de 2 cuerpos ocupan menos y tienen una superficie más simple de limpiar entre clientes.

Eléctrica, hidráulica o plegable

Es la segunda decisión y depende de cómo se trabaja, no del presupuesto.

La camilla eléctrica regula la altura con motor desde un mando o pedal. La diferencia práctica no es el confort: es que la posición se cambia con el cliente ya tumbado y sin ocupar las manos, algo que en tratamientos con producto aplicado importa. Las configuraciones están en camillas de estética eléctricas.

La camilla hidráulica se acciona con pedal por bombeo. No depende de la corriente, tiene menos componentes que puedan fallar y ofrece una estabilidad excelente para uso diario intensivo. Los modelos están en camillas de estética hidráulicas.

La camilla plegable se cierra y se transporta, lo que la hace la opción para el servicio a domicilio y para cabinas que se reconfiguran. Aquí lo que decide no es que se pliegue, sino el peso y las medidas cerrada. Están en camillas plegables de estética.

La altura de trabajo no es una sola

Es el criterio que más afecta a la espalda del profesional y el que se resuelve mal con una cifra única.

La referencia habitual de cabina ronda los 70-75 cm, pero esa altura sirve para una forma de trabajar. El tratamiento facial se hace mayoritariamente sentada, con el taburete detrás de la cabecera, y pide una altura baja. El tratamiento corporal se hace de pie, y pide una altura claramente superior para no flexionar la espalda.

Si la cabina alterna ambos, una camilla de altura fija obliga a comprometer uno de los dos. Por eso lo que hay que comparar no es la altura sino el recorrido completo: desde dónde arranca y hasta dónde llega.

Y hay una comprobación que se olvida: el intervalo de la camilla debe solaparse con el del taburete, no solo tocarse en los extremos. Si la camilla baja menos de lo que el taburete permite, se trabaja con los hombros elevados toda la sesión.

Anchura, orificio facial y acceso

La anchura plantea un compromiso que conviene conocer: una camilla ancha es más cómoda para quien está tumbado, pero obliga al profesional a estirarse para alcanzar el lado opuesto. En una cabina donde se trabaja de pie muchas horas, eso se acumula.

El orificio facial permite trabajar con el cliente boca abajo manteniendo la columna alineada, y la tapa que lo cubre devuelve la superficie plana cuando no se usa. En los modelos que no lo llevan, una almohadilla de herradura resuelve la misma posición.

Y en tratamientos con producto, lo que decide la comodidad real es la densidad del acolchado: uno de densidad baja se hunde en pocos meses de uso continuado y el cliente acaba apoyado prácticamente sobre la estructura.

Materiales, medidas y limpieza

El catálogo recoge distintas medidas, materiales —incluida la madera— y colores más allá del blanco y el negro, para integrarse en la decoración de la cabina.

El tapizado se limpia entre clientes, así que tiene que resistir los productos que se usen: los que llevan alcohol resecan los revestimientos de menor calidad, y el primer punto donde se aprecia es el canto frontal, por donde el cliente sube y baja. Las costuras ceden antes que la espuma, y una costura perimetral reforzada dura más que una simple.

Qué comprobar antes de comprar

Cinco puntos deciden si la camilla encaja en la cabina:

  • El recorrido completo de altura, comparado con el intervalo de tu taburete
  • El número de cuerpos, según si la cabina es solo facial o mixta
  • La anchura, equilibrando comodidad del cliente y tu acceso al lado opuesto
  • La carga máxima admitida, con margen holgado
  • Disponibilidad de tapizado y motor como recambio, que son las piezas que se sustituyen con el uso

Si estás equipando el centro por completo, puedes visitar la categoría de material de estética y la selección de todo para estética profesional.

Preguntas frecuentes sobre camillas de estética

¿Qué diferencia hay entre camillas de estética de 2 y 3 cuerpos?

Las de 2 cuerpos ajustan el respaldo y cubren el tratamiento facial con una superficie más simple de limpiar. Las de 3 cuerpos añaden el ajuste de la zona de piernas, lo que permite la posición semisentada completa y la elevación de piernas, y amplía el uso a tratamientos corporales. Para una cabina que alterna facial y corporal, la de 3 cuerpos es la más versátil.

¿Camilla de estética eléctrica o hidráulica?

La eléctrica regula la altura con motor desde un mando o pedal, lo que permite cambiar la posición con el cliente ya tumbado y sin ocupar las manos, algo que importa en tratamientos con producto aplicado. La hidráulica se acciona con pedal por bombeo, no depende de la corriente y tiene menos componentes que puedan fallar, con muy buena estabilidad para uso diario intensivo.

¿Qué altura debe tener una camilla estética profesional?

La referencia habitual de cabina ronda los 70-75 cm, pero no hay una única altura correcta: el tratamiento facial se hace mayoritariamente sentada y pide una altura baja, mientras que el corporal se hace de pie y pide una altura superior. Si la cabina alterna ambos, lo que hay que comparar es el recorrido completo, y comprobar que se solape con el intervalo del taburete.

¿Qué anchura conviene?

La anchura plantea un compromiso: una camilla ancha es más cómoda para el cliente, pero obliga al profesional a estirarse para alcanzar el lado opuesto, algo que se acumula en jornadas largas de trabajo de pie. Conviene equilibrar ambos criterios en función de si predominan los tratamientos faciales, que se hacen desde la cabecera, o los corporales.

¿Qué camilla necesito para trabajar a domicilio?

Una camilla plegable de estética. Lo que decide no es que se pliegue, sino el peso y las medidas una vez cerrada, comparadas con el maletero y con el espacio de almacenaje real. Conviene también comprobar si mantiene las regulaciones al volver a abrirla.

¿Sirve una camilla de estética para medicina estética?

Sí. Muchas camillas de estética se usan también en medicina estética, especialmente las que ofrecen estabilidad, ajuste de respaldo y regulación de altura. Los criterios que ganan peso en ese uso son el recorrido de altura, la carga máxima admitida y la resistencia del tapizado a los productos de desinfección.

¿Cómo se cuida el tapizado?

Se limpia entre clientes, y la compatibilidad con el producto de limpieza conviene verificarla en la documentación del fabricante: los que llevan alcohol resecan los revestimientos de menor calidad. El primer punto donde se aprecia el desgaste es el canto frontal, por donde el cliente sube y baja. Las costuras ceden antes que la espuma, y la densidad del acolchado determina si la camilla mantiene la forma con uso continuado.

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