Raspacallos

Raspadores de durezas de plástico y metálicos, mangos con recambio de lija y repuestos para quitacallos eléctricos. Es la herramienta del paso mecánico de la pedicura: la que retira la callosidad ya reblandecida, ni antes ni con más fuerza de la cuenta.

Dónde encaja el raspado en la pedicura

El protocolo de cabina tiene un orden, y saltárselo es lo que estropea el trabajo:

  • Higiene previa — limpiar y desinfectar el pie antes de tocar nada.
  • Reblandecer — queratolítico con algodón empapado y film, de 10 a 15 minutos según el producto.
  • Retirar — pasadas perpendiculares y suaves del raspador, solo sobre la piel ya muerta.
  • Alisar — grano fino para dejar la superficie uniforme, sin escalones.
  • Hidratar — lavar los restos, secar bien y cerrar con crema o aceite.

Raspar en seco sobre piel dura sin reblandecer es el error más habitual: cuesta el triple, marca la zona y deja escalones que se notan al andar. El pediluvio hace ese trabajo previo mejor que ningún atajo, y el cliente aguanta la sesión mucho más cómodo si está sentado en un sillón de pedicura con el pie a la altura de trabajo.

Plástico, metálico o mango con recambio

  • Plástico de 259 a 269 mm — ligeros y con doble cara lavable; el formato de uso general, cómodo para pasadas largas en planta y talón.
  • Metálico con mango de goma — más rígido, con mejor control en callosidad localizada; pesa más y perdona menos.
  • Mango con recambio de lija — la hoja abrasiva, de grano 80 en el trabajo de desbaste, se cambia y el mango se queda.

Aparte están los recambios para los quitacallos eléctricos: rodillos y lijas que se agotan con el uso y que conviene tener localizados antes de que se acaben, porque el aparato sin repuesto se queda parado.

Higiene: qué se lava y qué se tira

El mango de plástico y el metálico son lavables y admiten desinfección entre clientes; los metálicos aguantan también ciclo en autoclave de estética, que es lo que corresponde a una herramienta que trabaja sobre piel. La hoja abrasiva y el rodillo no: son de un cliente y a la basura, igual que cualquier lija.

Trabajar sobre pie ajeno con restos de queratina de la sesión anterior pegados al raspador es lo primero que ve un cliente y lo primero que pregunta una inspección.

Cuándo el raspado no es cosa de la cabina

Hay pies que no se raspan en un centro de estética. El trabajo con hoja pertenece a podología cuando aparece cualquiera de estas situaciones:

  • Diabetes, con o sin pérdida de sensibilidad conocida.
  • Sensibilidad alterada o circulación comprometida en el pie.
  • Grieta abierta, herida o cualquier sangrado durante la sesión.
  • Zona enrojecida, caliente o con supuración.

Derivar en esos casos no es exceso de celo: es lo que separa una pedicura estética de una intervención sanitaria. Preguntarlo antes de empezar cuesta treinta segundos.

Con volumen de callosidad alto o varias sesiones al día, la vía mecánica es el torno de pedicura con su fresa, que va más rápido y calienta menos la mano del profesional. El raspador manual sigue ganando en control fino, en cabina sin ruido y como remate del trabajo de la máquina, dentro del equipamiento de manicura y pedicura.

Preguntas frecuentes

¿Qué diferencia hay entre un raspacallos y un torno de pedicura?

El raspacallos retira la callosidad con una hoja o lija que mueve la mano; el torno lo hace con una fresa que gira a motor. El manual da más control en zonas pequeñas y no genera polvo en suspensión; el torno rinde más cuando hay mucha superficie o mucha dureza.

¿Cuánto tiempo hay que dejar actuar el ablandador antes de raspar?

Entre 10 y 15 minutos, según lo que indique el fabricante del producto, con algodón empapado sobre la zona y film por encima. Si al pasar el raspador la piel no se desprende sola, falta tiempo de actuación, no fuerza.

¿Se puede desinfectar un raspacallos?

El mango sí, sea de plástico o metálico, y los metálicos admiten ciclo de autoclave. La hoja abrasiva y los rodillos de recambio no se reprocesan: se descartan después de cada cliente.

¿Cuándo no se deben raspar las durezas?

En pie con diabetes, con la sensibilidad alterada o con problemas de circulación, y siempre que haya grieta abierta, herida o sangrado. Esos casos van a podología. Una cabina de estética trabaja sobre piel íntegra.

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